Hay que ver lo deprisa que va todo en el mundo del fútbol. Aún recuerdo mi defensa de Javier Aguirre, similar, por lo estéril, a la que hizo Custer en Little Big Horn, como entrenador perfecto para esta banda (no la que subimos nosotros, por cierto, cada vez con menos frecuencia... nuestro propósito de ser los Dani Alves de la red se va tornando en lo que verdaderamente somos, los Tomás Reñones de la blogosfera, por la honradez y la constancia, por supuesto), esta banda, decía, a la que algunos optimistas llaman plantilla del Atleti.
En el debe de Aguirre queda, como bien ha apuntado facineroso en sus comentarios, un estilo de juego definido, aparte de cierta tendencia al amarrategui blues, sinfonía derivada del capellismo más puro, auténtica esencia de todos los entrenadores ceroceristas. Y Aguirre, al menos en su etapa rojiblanca, ha demostrado que lo es.
Lo mejor de todo ha sido la manera de comunicarle el despido a Aguirre.
Michael, el hijo de Don Vito, hizo la gestión desde su retiro vacacional en Dubai.Es la historia de siempre.
Un cateto se puede comprar un Audi o un BMW, pero sigue siendo un cateto.
La elegancia es algo con lo que se viene de serie.
Algo que escasea en el palco del Calderón.
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