Boluda I de España, "el chorreador", no tiene el suficiente nivel para copar los sueños húmedos del madridismo.
El Madrid, por mucho que les pese a muchos, también es mès que un club.
Por eso sus dirigentes han de estar a la altura de las circunstancias.
Aunque parezcan lo mismo, los catetos enladrillados que ocupan los sillones del palco de Concha Espina también tienen su pedigrí.
Boluda, igual que Calderón, es un cateto enladrillado de clase B, de los que piensan que la clase y la elegancia se adquieren a base de talonario.
Y claro, no es así.
Del mismo modo que hace unos años el madridismo suspiraba por la mano dura de Capello, los clamores merengues y populares (que van de la mano con excesiva frecuencia) de hoy se centran en el hermano gemelo de Carmen Vijande.
Florentino, cateto enladrillado también de clase B, preside las fantasías nocturnas del excitado madridismo actual.
¿Sería un segundo florentinato la solución a todos los males de este club?
¿Cuando la crisis ahoga, son las boas de plumas y el neón de los carteles publicitarios la panacea que cura los malos resultados?
¿Es la nouvelle cuisine la receta que acabará con el hambre de fútbol del Bernabeu?
¿La acumulación de cocineros de renombre garantiza un resultado excelente?
El primer florentinato terminó respondiendo negativamente a todas estas preguntas, lo que induce a pensar que una segunda parte repetiría los mismos vicios del pasado.
Pero, igual que los grandes maestros del suspense, Florentino (aka Ladrillator) guarda un as en la manga.
Un talismán que le garantizará la presidencia.
Un llanero solitario.
Un rebelde con muchas causas.
Un hombre de verdad que coquetea con el lujo del palco blanco.
Juntos podrían ser como el Doctor Gang y su gato, capaces de dominar el mundo.
El uno tiene ladrillos de sobra para conseguirlo.
El otro adora que le acaricien la nuca.
Ambos están libres.
Ambos son jóvenes, audaces y están sobradamente preparados.
El amor está en el aire.
Florentino II. El día del juicio final.
Avisados estáis.
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